El gobierno no es filantropía

El trabajo del gobierno no es dar donativos o repartir dinero, es poner las condiciones necesarias para el desarrollo de los habitantes.

 

Es decir, no se debe estar donando a fundaciones para que provean de servicios, cuando es la obligación del estado proveerlos.

 

Muchos gobernantes de todos los niveles y poderes mal-acostumbran realizar donativos, regalos o dádivas a fundaciones o grupos vulnerables como si el rol del gobierno fuera actuar como una caridad u organización filantrópica. Cada año se establecen partidas para donativos en los presupuestos de diversos estados de la federación que efectivamente transfieren el control de grandes cantidades de recursos públicos a manos privadas.

 

El caso del Teletón es común. En el 2014, el Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) recomendó al gobierno de México no donar al Teletón debido a que se administran grandes recursos públicos por entidades privadas, así como distinguir entre las campañas privadas y las obligaciones que el estado debe cumplir. La obligación de proveer salud está establecida en el artículo 4 de nuestra constitución: “Toda persona tiene derecho a la protección de la salud.”

 

Además, causa un grave problema de transparencia y fiscalización. Son obligaciones de todos aquellos que trabajen con recursos públicos transparentar su uso. Por tanto, esas fundaciones o receptores de los donativos tendrían que explicar en qué se gastan el dinero, lo cual tristemente no se hace. Si no se hace, no hay manera de verificar su cumplimiento, por tanto, deja abierta la puerta a la corrupción y al abuso.

 

También, contribuye al debilitamiento de la capacidad de los servidores públicos y su compromiso al desarrollo, ya que no fortalece las capacidades de los tomadores de decisiones, sino que se hace una especie de outsourcing. El cual no es igual que contratar servicios, ya que es el estado quien contrata para prestar servicios según las prioridades de éste, contrario a lo que pasa con fundaciones en donde se dona para que otros administren el dinero según otras prioridades.

 

De igual forma, destinar recursos públicos a donativos crea un problema moral: ¿con qué discreción se destinan a una fundación y no a otra? Esta discreción debilita la toma de decisiones participativa y democrática para el uso de recursos públicos, propiedad de todos.

Finalmente, la filantropía es un asunto privado sujeto a la supervisión del Estado. Por ello, cada entidad federativa cuenta con una junta de asistencia privada en donde se reúnen las Instituciones de Asistencia Privada (IAPs)  Así, sector público y privado trabajan en conjunto para ayudar a aquellos que necesitan ayuda inmediata.

 

Por Carlos Lozano,

Presidente de Innovación en Política Pública y Desarrollo

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